En los primeros años de la historia moderna, los monjes taoístas cultivaban Bonsáis buscando traer la belleza de los árboles del exterior al interior, considerándolos un nexo entre lo humano y lo divino. En el Siglo XVIII, en las afueras de algunas ciudades de Europa, surgieron distintos paseos arbolados o alamedas, generando espacios de descanso y socialización antes inexistentes en las ciudades de la época.
En las urbes modernas, los árboles son utilizados como elementos esenciales dentro de los procesos de urbanización y las especies vegetales son un factor irremplazable de contrapunto a las construcciones y la armonización de los espacios. La buena elección de las especies arbóreas y su correcta mantención generan un sinnúmero de beneficios, como por ejemplo la aislación acústica y visual, la regulación de la temperatura, la generación de corredores biológicos y el control de las velocidades del viento. El principal error al momento de elegir una especie es no considerar que es un ser vivo, que posee requerimientos específicos y que tiene externalidades.
¿Qué considerar para elegirlas correctamente?
Cálculo del espacio
Distintos árboles tienen diferentes estructuras. Las copas más anchas, altas y frondosas son mejores alternativas para parques y espacios abiertos, mientras que en zonas muy densificadas puede subestimarse su tamaño final, generando problemas a largo plazo. Es importante considerar el espacio para el desarrollo de raíces; un árbol adulto utiliza un espacio de raíces muy similar a la extensión de su copa. Un tamaño limitado para el desarrollo radicular puede generar que el árbol no se desarrolle correctamente.
Correcta dosis de luz y agua
Zonas urbanas con densificación en altura limitarán la exposición lumínica de los arboles, generando un excesivo crecimiento en altura con un bajo desarrollo foliar. El abastecimiento de agua es más relevante durante etapas tempranas de crecimiento, ya que los árboles adultos profundizan raíces lo suficiente como para abastecerse de los excedentes de riego en jardines y napas subterráneas.
Características fenológicas y de fotoperíodo
Las especies caducas, que pierden sus hojas en ciertos períodos del año, son la mejor alternativa para zonas de estaciones marcadas, con inviernos fríos y veranos calurosos, ya que durante el invierno permiten la entrada de luz y durante el verano son un efectivo control de temperatura y humedad ambiental. Por el contrario, las especies persistentes tienen la ventaja de que no generan excesivas tareas de mantención de limpieza de hojas y residuos vegetales. Las especies Coníferas (Géneros Cupressus y Pinus, entre otros) tienen la particularidad de que limitan el desarrollo de cubiertas vegetales bajo ellas, siendo especies poco recomendables para combinar con cobertores de suelo, como césped o arbustos bajos.
Morfología
Distintos árboles tienen distintas características en sus órganos vegetales; los frutos muy carnosos como ciruelas y otras bayas, ensucian las veredas generando externalidades negativas. Especies como los Plátanos (Género Platanus) acumulan polvo y partículas en las vellosidades de las hojas, generando alergias y suciedad. Estas especies también poseen un fuerte sistema radicular, siendo capaces de levantar el pavimento y veredas, e incluso romper tuberías en su desarrollo. Especies como los diferentes tipos de Arces y Palmas son muy recomendados en zonas de alto tráfico vehicular, ya que sus copas se desarrollan en altura con vistas despejadas en la zona inferior.
Mantención
Existen especies que requieren excesivo mantenimiento. Los Encinos (Género Quercus) adquieren plagas como la Fumagina, generando sudoración de resinas y atrayendo insectos poco amigables. Especies como los Sauces (Género Salix), Ficcus o Melias pueden sufrir desganches peligrosos si no se manejan con una poda adecuada.
Algunas especies recomendadas en climas templados según lugar de emplazamiento y sus características deseadas:
Parques
En el caso de parques y plazas, se recomiendan especies longevas, de gran tamaño final, con formas y colores diversos.
Abies alba, Betula pendula, Cedrus deodara, Araucaria bidwilii, Catalpa bigninioides, Brachichiton discolor, Ginkgo biloba, Magnolia grandiflora, Phytolaca dioica, Quillaja saponaria, Quercus robur, Liquidambar styraciflua, Salix babilonica, Jacaranda mimosifolia, Fagus sylvatica.
Calles pequeñas y medianas
En calles se recomiendan tamaños medianos y pequeños, con copas en altura y manejables en forma de "V", para permitir el paso de cableado, sombreando la vereda y la calle simultáneamente. Se deben preferir especies limpias y que no generen polvo o frutos carnosos. Se debe considerar el desarrollo radicular final.
Acer negundo, Acer palmatum, Casuarinas equisetifolia, Aesculus hippocastanum, Aesculus x carnea, Tilea americana, Robinia pseudoacacia, Fraxinus excelsior, Liriodendron tulipifera, Lagerstroemia indica.
Avenidas
Para avenidas se recomiendan las bases despejadas, con un tamaño final de mediano a grande, con copas cilíndricas. Se debe evitar que los árboles entren en conflicto con el tráfico.
Fraxinus excelsior, Platanus acerifolia, Liriodendron tulipifera, Quercus suber, Erythrina crysta-galli, Quercus falcata, Magnolia grandiflora.
Grandes intersecciones viales
En esta caso se recomiendan árboles robustos, longevos, que pueden tolerar alta compactación de suelos, dando preferencia a especies de crecimiento en altura con base despejada.
Araucaria araucana, Araucaria heterophylla, Phoenix canariensis, washingtonia robusta, Cedrus libani, Gleditsia triacantos.
Una correcta elección y manejo, bajo las condiciones adecuadas, lograrán que los árboles se desarrollen a plena capacidad, entregando un enriquecimiento complejo del paisaje y complementando con líneas orgánicas la geometría estándar de la arquitectura urbana. Sin embargo, una mala planificación y cuidado culminará en un desarrollo pobre, con especies que no entregarán los resultados esperados en la planificación.
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